Rodrigo Anfruns Papi, de seis años, jugaba en el antejardín de la casa de sus abuelos, en las cercanías de la intersección de Miguel Claro con Sucre, comuna de Providencia, cuando desapareció, un día 3 de junio de 1979.
De la desesperación de su familia se hizo parte el país completo, que clamó por el retorno sano y salvo del menor, que se presumía secuestrado. La repercusión del hecho fue tal, que incluso figuras del espectáculo hicieron emotivos llamados, a través de la televisión, para lograr la liberación de Rodrigo.
Las policías movilizaron numerosos recursos e incluso en el caso colaboraron agentes de los organismos represivos de la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, no habían pistas sobre el destino del pequeño.Tras 11 días de agonía, el 14 de junio de 1979, el cuerpo sin vida de Anfruns fue hallado en un sitio baldío, en las proximidades de su residencia, el que había sido registrado en varias ocasiones, incluso con la ayuda de perros adiestrados.
Según la Policía de Investigaciones de la época, la culpa recaía en un menor de 16 años, individualizado con las iniciales P.P.V. (Patricio Pincheira Villalobos) , quien condujo a los detectives al lugar, tras confesar su crimen.
La versión oficial del momento, indicó que el cadáver siempre estuvo en una sola parte y, "misteriosamente", pasó inadvertido para decenas de uniformados que recorrieron la zona buscándolo...¿ EXTRAÑO? ¿SOSPECHOSO?...ABSOLUTAMENTELas diligencias posteriores y la edad del supuesto homicida hicieron que, rápidamente, el entonces juez Ricardo Gálvez, quien actualmente es ministro de la Corte Suprema, cerrara el caso.
Además, Investigaciones recibió públicas felicitaciones de parte de La Moneda, encabezada por quienes entonces fuesen los ministros del Interior y Justicia de Pinochet, Sergio Fernández y Mónica Madariaga, respectivamente.
Sin embargo, las numerosas dudas que generó el caso, sobre todo cómo pudo un cuerpo estar 11 días en un sitio eriazo registrado en varias ocasiones, siempre hicieron pensar a la familia Anfruns Papi que la verdad aún no era completa... El Libro... 
De acuerdo a versiones desarrolladas por el libro "Una verdad pendiente", de la periodista Soledad Pino, publicado en el año 2003; se concluye que la justificación oficial de la data de muerte del menor, no tendría absolutamente nada que ver con la realidad de los hechos, que fuertemente propagó el ex director de Investigaciones, Ernesto Baeza Michelsen. Pino pone el acento en "una venganza de miembros de los aparatos represivos de la dictadura CNI, quienes secuestraron a Anfruns para darle un aterrador mensaje al oficial Luis Iracabal Lobos que pertenecía a la CNI y que tuvo problemas con otros militares de la misma unidad debido a su conocimiento de un presunto tráfico de armas". Luis Iracabal Lobos, es hijo del segundo esposo de Guillermina Stange, abuela del niño asesinado.
Las informaciones de prensa, involucran directamente a Luis Iracabal Lobos con Manuel Contreras ex director de la siniestra DINA, que dependía directamente de Augusto Pinochet.
La ex ministro de Justicia de la dictadura Monica Madariaga, en declaraciones a la prensa expresó que "aquí estaba metido el tráfico de armas y trataban de amedrentar al hijo del esposo de su abuela, porque tenían trabajos que financiaban a la CNI, y había tratado de actuar solo". Monica Madariaga acusa la responsabilidad directa de Manuel Contreras en el crimen del niño Anfruns.
La autora del libro asegura además que cinco personas fueron claves en las conclusiones falsas que se habrían sacado durante la investigación, ellos son Rodolfo Stange, ex director de Carabineros; Aquiles Blú, el carabinero que habría ordenado detener las investigaciones;Hernán Tuane, sicólogo del menor inculpado; José Luis Vásquez médico forense y Ricardo Gálvez, actual ministro de la Corte Suprema. La periodista afirma que ellos cometieron ciertas acciones que, en definitiva, distorsionaron la verdad.
Situación Judicial
En la época en que ocurrió el estremecedor homicidio de Rodrigo, el juez a cargo
Ricardo Gálvez, cerró la investigación en 1982, luego de inculpar a P.P.V., aunque luego afloraron muchas dudas respecto a la verdad de los hechos.Esas dudas, sumadas a la versión del ex carabinero Jorge Rodríguez, quien se acercó a la madre de Anfruns para que confidenciarle que el cadáver del menor fue llevado deliberadamente por "oficiales de Investigaciones" al sitio eriazo donde fue encontrado, provocaron que la madre del menor se decidiera a actuar nuevamente; interponiendo una querella para reabrir la investigación.
"Yo dije que era tiempo de hablar, de decir cosas para que ustedes puedan seguir investigando: yo soy testigo de que a él lo trajeron. Lo digo con vergüenza, porque antes no era el momento de decirlo", dijo en una entrevista televisiva. El policía retirado agregó "en la madrugada del día que Rodrigo apareció, tal como lo dijo la señora que vivía acá, nosotros vimos ingresar el vehículo y vimos el cuerpo de Rodrigo en el portamaletas. Era un vehículo típico de la gente de Investigaciones o de la CNI de la época. No recuerdo la marca, pero tipo Opala, verde oscuro".
Rodrigo Anfruns: ¿víctima de la CNI?
“Fue una pesadilla que nos azotó durante once días y llegó a alcanzar a todos los chilenos. Mi nieto, Rodrigo Anfruns, de seis años, desapareció desde mi casa la tarde del domingo 3 de junio de 1979, luego de salir a jugar con otros niños. Aún tengo grabada en mi memoria su carita hermosa y sonriente, diciéndome que estaba deliciosa la comida que le preparé ese último día que pude estar junto a él”. Este es uno de los recuerdos que dejó Guillermina Stange Wistuba, la abuela paterna del niño, ya fallecida, en el libro de la periodista Soledad Pino Una verdad pendiente, la desaparición de Rodrigo Anfruns Papi .
Tres días después del secuestro de Rodrigo, un policía de civil le preguntó a Guillermina qué había almorzado el niño ese domingo. Respondió: “Carne y papas”. Cuando apareció el cadáver de su nieto, once días después, la autopsia reveló que en su estómago había “carne y papas a medio digerir”. Ese dato, que mucho tiene de macabro como tantos otros aspectos de este crimen, fue valorado como “clave” en el proceso sustanciado por Ricardo Gálvez Blanco, actual ministro de la Corte Suprema. Supuestamente, demostraba que el niño había sido asesinado el mismo día de su desaparición, y en el mismo lugar en que fue hallado -un sitio eriazo inmediato a la casa de la abuela del pequeño-, lo cual simplificaba las cosas. Bastaba con presentar un solo homicida: el adolescente de 16 años Patricio Pincheira Villanueva (PPV) quien, en un acto de locura momentánea, lo habría asfixiado aplastando la cara de Rodrigo en la tierra, luego de haber intentado abusar de él. Así, el crimen pasaba a ser un hecho policial más, ejecutado por un adolescente desequilibrado.
Pocos creyeron la versión oficial. Había demasiadas contradicciones. Una primera autopsia -desestimada en el proceso- señalaba que, por el estado del cuerpo, el niño no llevaba más de dos o tres días sin vida, que su estómago tenía evidencias de haber pasado por un largo período de inanición antes de volver a recibir como alimento la carne y las papas que no alcanzó a digerir... y que había sido torturado. Tenía marcas de ataduras en las piernas, evidencias de haber recibido golpes y quemaduras -probablemente producidas por cigarrillos- en diversas partes de su cuerpo, incluido el rostro. El informe legista indica que la causa de muerte fue asfixia por sofocación.
En todo esto se percibía la mano represiva de la dictadura militar, que desangraba a Chile con extrema crueldad...